Los Pozos de la Antigua

(c) María Dolores Rubio de Medina

Blog: barrunto boronía

Ahora que la presión sobre el famoso pozo de la ermita de la Virgen de la Antigua de Hinojosa del Duque ha decrecido. Ahora que ha quedado atrás ese momento cumbre del escándalo, provocado por el cierre del camino público, aquel en que se convirtió en «problema» hasta el punto que las Autoridades se dieron por enteradas y fueron a hacerse la pertinente fotografía para pasearla por las redes. Ahora que ya no hay bombardeo de noticias sobre el pozo y una no sabe si el problema ha tenido, o va a tener, solución, es buen momento para recordar otra historia sobre los pozos de los alrededores de la ermita.
Mi «cuento» sobre el pozo de La Antigua lo he descubierto en una novela. Supe que un libro citaba dos veces a Hinojosa del Duque y me entró curiosidad. Hablo de La mula, de la novela de Juan Eslava Galán, editada por Planeta en el año 2003, sobre la que también se hizo una película que, a la fecha, no he visto. 
Si nos atenemos al año de edición, comprobamos que la novela se publicó antes de la llegada al poder de Zapatero, gobernante con el que empezó aquello de la Memoria Histórica. Hago esta precisión porque la novela describe lo que ocurrió en los últimos meses de la Guerra Civil, desde junio de 1938 hasta el final de la guerra, y establece claramente el bando perdedor, sin subterfugios de ninguna clase. Dudo que hubiera podido publicarse un año más tarde.
Hace un mes, adquirí un ejemplar de La mula, una edición de bolsillo publicada en 2013. En el transcurso de su lectura he descubierto que las citas sobre Hinojosa son intrascendentes y que lo relevante es que Sierra Trapera, el Cerro de los Médicos, Sierra Patuda, el Cerro Mano de Hierro, Peñarroya-Pueblonuevo y los parajes que rodean a la ermita de la Virgen de la Antigua son los escenarios naturales a través de los cuales se desarrolla la trama de la novela.

De todos los lugares citados, lo que me ha llamado la atención es, cómo no, que se mencione un pozo cercano a la ermita de la Antigua. En la novela puede leerse: «… el grupo rodea los muros de piedra de la ermita de la Virgen de la Antigua, patrona de Hinojosa, que la guerra ha respetado y toma la vereda de la derecha, que conduce al pozo del arroyo» (2013 : 110). Esta escena está datada entre el 3 de noviembre y el 19 de diciembre de 1938, lo señalo por desconocer si el autor toma los datos de la realidad. Mucha gente ha contemplado una vieja fotografía en la que se aprecia, claramente, los destrozos que sufrió el santuario de la Virgen durante el transcurso de la guerra, y que fue posteriormente fue reconstruido. Probablemente el ataque destructivo se produjo posteriormente, puede que el 5 de enero de 1939, día en el que, tengo entendido, se produjeron bastantes bajas en el entorno de la zona de la ermita.
Volviendo a la novela, al parecer en el «pozo del arroyo», se reunían contendientes de ambos bandos. «El sargento nacional intercambia un breve saludo con el sargento republicano. Los que se conocen de visitas anteriores se saludan, se agrupan, sacan de los matorrales la mercancía e inician el trapicheo. A los rojos les sobra papel de fumar, dado que las fábricas de Alcoy caen en su zona, pero no tienen tabaco. Los nacionales, por el contrario, carecen de papel, pero tienen tabaco, porque las vegas de Granada y Canarias caen en su jurisdicción. Antes que combatientes son fumadores» (2013 : 110).
Esta escena en la que contendientes de bandos contrarios, sea real o inventada, entablan negocios mercantiles en un pozo cercano a la Virgen de la Antigua, está descrita con tanta naturalidad que no hace saltar las alarmas en el momento que la lees. Más adelante, cuando aparece en escena Benavides, un periodista, que entrevista en Peñarroya al protagonista, te escandalizas de verdad, al reparar en lo anómalo del encuentro entre bandos enfrentados.
Benavides es un fulano que se lamenta de su mala suerte, pues llega a decirse a sí mismo: «¡Valle de los Pedroches! ¡Valle de los cojones! Es que hay que ser hijoputas: toda la guerra sin pegar un tiro y esperan a que venga yo para montar el cirio!» (2013 : 151), pero tiene algunas luces de honestidad en la frente. Se alarma, y con razón, cuando el protagonista le explica que «…en el pozo de la ermita de la Antigua. Allí nos juntamos a cambiar cosas y hablar» (2013 : 159).
Así que, como hemos leído, los pozos de la Antigua dan -y darán- mucho de sí, aparte de ser lugares de escondite, de conflictos sobre titularidad por tener acceso a través de caminos públicos, y puntos de  tránsito de la romería; podrían haber obrado el milagro de haber confraternizado a bandos enfrentados.
Ignoro si la historia que se cuenta en la novela está basada en hechos reales, pero prefiero pensar que sí, que fue otro “milagro” de la Virgen de la Antigua, ese que hizo que combatientes de bandos contrarios, en la bella dehesa que rodea su santuario, se comportasen como buenos hermanos. 
Creo que ha llegado el momento de recordar esta lección si lo fue, y si no, de reinventarla. Aquí dejo ese pozo, por si, algún día, quiere tenerse en cuenta por el bien de todos.
Viernes Santo, 19 de abril de 2019.

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